Llegará un momento, no muy lejano, donde todos los países tendrán que desempolvar las viejas teorías económicas que se desarrollaron en los países civilizados cuando se declaraban la guerra entre ellos.

Son las llamadas “economías de guerra” donde todo el aparato productivo, y todos los agentes sociales, quedan al servicio de un objetivo supremo estatalizado. En Historia se conocen muchos casos de modelos económicos diseñados específicamente para soportar una guerra. La Alemania nazi, la británica en los años cuarenta, la propia II República española en los treinta durante la Guerra Civil… Sus parlamentos se vieron obligados a sacar normativas de obligado cumplimiento declarándose el Estado de excepción sobre todo el territorio.

No podía haber nada ni nadie al margen de este objetivo común. Había un auténtico problema de supervivencia nacional.

Y no convendría perder de vista estos manuales de Economía pero ahora para luchar en una “guerra” aún peor, si cabe, que las que hemos pasado: la medioambiental, donde todos nos jugamos nuestra propia supervivencia.

Tarde o temprano (y recuerden este artículo cuando pase) los gobiernos diseñarán una “Economía de guerra medioambiental” y destinarán todo el PIB del país a salvarlo. Nadie, ni los más recalcitrantes, podrá negar el daño que cause a la Economía nacional/regional/local el estilo de vida y el desprecio con que hemos tratado al medioambiente..

Y no será por romanticismo, amor a los animales ni cosa de cuatro “ecologistas greñosos y perroflautas”. Será por puro egoísmo. Cada vez resulta más caro corregir los daños que estamos generando a nuestros ecosistemas y ya estamos rozando el límite a partir del cual invertir en su conservación supone un gasto mayor que dejar de ganar en determinados sectores productivos.

La ecuación se ha vuelto deficitaria.

Una Economía de guerra está llamando a la puerta.

Facebooktwitterredditpinterestlinkedinmail

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *