El postureo con los talentos y las excelencias

               Cuando los sesudos ideólogos de los dos partidos mayoritarios se pusieron a pensar cómo abordar la post-crisis (por separado, claro, no se les fuera a pegar algo de su oponente) ambos llegaron a la misma conclusión: había que potenciar el “talento” y la “excelencia” patria.

               Y desde entonces nos fríen con enormes campañas mediáticas (Emprendedor del Año y demás zarandajas) para tratar de hacernos creer que están en ello y que, de la salida a nuestros males, ya se encargan ellos intentando localizar e incentivar a talentosos y excelentes.

               Pero como casi todo lo que tocan, lo hacen mal.

               En primer lugar porque son tan torpes arrimando el ascua a su sardina que ambas ideologías (conservadora y progresista) hacen una lectura capciosa e interesada del tándem talento/excelencia.

Para los progresistas, el talento es fruto del trabajo colectivo hacia donde debemos ir todos cogidos de la mano no aceptando segregación alguna para aquellos que destaquen, contradiciendo las tendencias científicas más avanzadas de los países occidentales; mientras que para los conservadores, un buen talentoso ha de ser, encima, emprendedor y, a ser posible, autónomo y que no suponga una carga para la Administración… como Dios manda.

               Pero el problema más delicado al que deben enfrentarse ambas ideologías por culpa de su miopía y miedo hacia lo diferente es que, desgraciadamente para ellos, un buen talento y/o excelente resulta difícil de domeñar o encajar en los parámetros del juego político, quizás por eso sean tan pocos los que hay en sus filas.

               Así, vemos en sus campañas mediáticas a sonrientes políticos compartiendo foto a todo color rodeados de “jóvenes promesas” elaborando un “top ten de la excelencia regional” o inventándose el premio al “Mejor Profesor del Año”… pero todo eso responde a un sesgado patrón publicitario que establece la clase política para sus propios fines: debes reunir unos requisitos minuciosamente estudiados por el partido de turno para recibir algún premio desde sus chiringuitos, debes querer sonreír a la recogida del trofeo que te den (con placa con tu nombre que acabará abandonado en algún cajón del desván) y, por supuesto, no puedes ser crítico con la línea programática propuesta. Se trata de afianzarlos a ellos con tu premio, no a ti… que les traes sin cuidado.

Si acaso no cumplieras con estos requisitos (aceptar sus condiciones y que usen tu nombre e imagen para sus propias campañas publicitarias) entonces dejas de serles útil, por muy excelente que seas, y ya “si eso” te buscas tú la vida…  que yo lo que quiero es que poses con los nuestros.

               Y en este otro contexto (buscándose la vida) es donde hallamos al verdadero colectivo de talentos, excelentes e inteligencias destacadas de nuestro país: merodeando y mendigando en ecosistemas más acordes a sus características por Europa o Norteamérica donde tienen en más alta consideración estas figuras y donde la búsqueda de estos individuos/as es “razón de Estado”, incluyéndose protocolos de detección desde muy tempranas edades en las escuelas y potenciándoles, desde pequeño, sus aptitudes a través de eficaces y objetivas medidas.

               Otra cosa es lo que pasa aquí… puro postureo.

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