La información que va apareciendo sobre el suceso días después empieza a contar cómo lo vivieron los habitantes de Cabo de Palos…

«El capitán del vapor María Luisa refiere que vió cruzar el vapor Sirio, marchando majestuosamente, cuando de pronto un oficial le hizo notar que el Sirio se había parado repentinamente. Con los gemelos observó que la popa aparecía más baja que la proa, perdiéndose minutos después bajo el nivel de las aguas.

Entonces el capitán del María Luisa varió rumbo con objeto de ir á auxiliar al buque náufrago, oyendo el estallido de la caldera del Sirio.

Pocos instantes después presenció un horrible espectáculo: sobre el mar flotaban montones de cadáveres; llenaban el espacio las voces desgarradoras de las mujeres, y sobrecogían el ánimo escenas como la de una mujer que se mantuvo á flote cerca de una hora, sosteniendo un niño que se le escurrió en el momento de coger el cable para salvarse.

El María Luisa recogió en el primer momento 25 náufragos, que mandó á la isla de las Hormigas, y luego 38 más que llevó á Alicante.

El señor arzobispo de Pará se hospeda en casa del veraneante Antonio Zapata; los náufragos que conservan algún dinero han ido á las fondas, otros á casas particulares.

Es completamente inexacto, como al principio se dijo, que en el momento de la catástrofe los pasajeros se mataran unos á otros por salvarse. Han llegado detenidos nueve oficiales marineros del vapor Sirio, los cuales se hallan en la comandancia de Marina.

Desde La Unión afirman que poco después de la catástrofe pasaron por aquel sitio tres barcos, uno de los cuales era francés, otro inglés y el otro español, los que se negaron á prestar auxilio á los náufragos.

Aunque en el ministerio de la Gobernación, se dijo ayer á los periodistas que el capitán del vapor Sirio se había suicidado, los corresponsales de Cartagena suponen que se halla entre los detenidos que hay en la comandancia de Marina”.

El rotativo madrileño ABC presentó, por su parte y bajo el título “La catástrofe de Cartagena”, un detallado recorrido por las noticias que el naufragio del Sirio provocó durante los siguientes días.

…el patrón y los tripulantes del pailebot Joven Miguel, que, procedente de Valencia, se dirigía á este puerto [Cabo de Palos] al advertir lo que ocurría apresuráronse á acercarse al Sirio, logrando, con exposición de sus vidas, recoger á bordo de su embarcación á muchos de los náufragos. Vicente Buigues, que así se llama el patrón del Joven Miguel, realizó actos de temerario arrojo y de verdadero heroísmo.

Al recoger á bordo del pailebot á numerosos náufragos, éstos, enloquecidos por el terror, se amontonaron sobre la cubierta, y hubo momentos en que se creyó inevitable el naufragio de la embarcación.

Vicente Buigues, con admirable serenidad y sangre fría, sacó su revólver y logró imponerse á los pasajeros, obligando á trescientos de éstos á bajar á las bodegas, con lo cual el pailebot recobró su estabilidad, desapareciendo el peligro de un nuevo naufragio.

Otros barcos de pesca que se hallaban cerca del Cabo de Palos acudieron también en auxilio de los náufragos, secundando eficazmente á la tripulación del Joven Miguel en los trabajos de salvamento. En esta humanitaria tarea se distinguieron, además de Vicente Buigues, los patronos José Salas, Manuel Pardo, Pedro Llorca y otros. A los supervivientes se les alojó en los primeros momentos en el Casino y en las casas de los bañistas próximas á la playa.

Los náufragos pasean meditabundos, muchos de ellos sin más ropa que la que les han facilitado los bañistas. Otros dormitan tendidos sobre el suelo, viéndose reflejada en los semblantes de todos la horrible impresión que recibieron al ocurrir la catástrofe. A algunos hombres se les ve cubiertos con vestiduras de mujeres. Otros se tapan con mantas y sábanas.

Al amanecer pudimos ver desde la costa el buque náufrago. Únicamente queda fuera del agua una pequeña parte de la proa, y el casco está inclinado del lado de estribor. En las inmediaciones del buque flotan numerosos cadáveres, en su mayoría de mujeres y niños.

Durante la noche pasada los patronos de barcos de pesca, Pedro Paredes y Luis García, que navegaban por las inmediaciones del lugar donde ocurrió la catástrofe, encontraron separadamente dos botes salvavidas, con la quilla hacia arriba y varios efectos procedentes del trasatlántico hundido. Debajo del bote encontrado por Pedro Paredes estaba el cadáver de una niña de tres años”.

Información recopilada de «De Cabo de Palos a La Manga del Mar Menor» (Segunda edición, Edlibrix 2016), de este autor.

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