Tres intentos en la Historia de industrializar el Mar Menor (I parte)

A lo largo de la Historia del Mar Menor hasta en tres ocasiones la laguna ha estado a punto de desaparecer con iniciativas más o menos descabelladas convenientemente documentadas en los archivos historiográficos.

La primera se remonta al siglo XVIII cuando José Navarro de Viana y Búfalo, marqués de Victoria, intentó poner el broche de oro a su brillante carrera militar proyectando algo aparentemente increíble: convertir el Mar Menor en un gran puerto con población estable a remedo del de Cartagena.

Según su biógrafo, Vargas Ponce, en “Vida de don Josef Navarro, primer marqués de la Victoria”, publicado en 1808:

“El marqués de la Victoria… …pidió al rey este terreno con sus adherencias, incluso el Cabo de Palos y las citadas islas.”

Vargas Ponce argumentaba las excelencias del proyecto, los beneficios que hubiera acarreado a la zona y el amargo sabor de boca que se le quedó al marqués al comprobar que el Concejo de Cartagena no solo no atendía su idea sino que actuaron con celeridad para impedirlo…

“En efecto cedido aquel páramo á un particular de luces y poder, que en su mejora viese envuelta su fortuna y la de su descendencia, él haría en las inmediaciones de San Ginés una población. Ella fuera escudo con su vecindario contra las piraterías de los moros en todas aquellas playas, cuyas azoradas familias en un sinnúmero de veces los han visto venir á caza de esclavos, como los pudientes de Cartagena á caza de conejos á las islas. Estas en labor rendirían largas diez y seis fanegas de grano el qual y la pesquería tan copiosa sobraba para alimento de mas de mil seiscientas personas. Todos marineros por naturaleza bastarían á tripular seis buques de línea. Semejante colonia de pescadores multiplicaría las encañizadas disecarían las lagunas y pantanos contiguos, dándoles un fácil desagüe al mar; y retituyéndole la antigua y robada salubridad de aquel terreno abrirían las convenientes bocas á la albufera, y según es tan factible aparecería un vasto puerto, en lo seguro rival de Cartagena y de mayor ámbito. De este modo se aumentarían puertos y marineros, de que carecemos igualmente.”

El rencor por la negativa de los cartageneros se hace evidente unos párrafos más adelante:

“él no alcanzó á consolidar su benéfico intento, y dexó esta entre tantas utilísimas empress que nuestra generación guarda intacta para las venideras.”

La ciudad de Cartagena no dudó ni un instante en defenderse desempolvando históricos derechos que le aseguraban la propiedad de explotación y uso sobre el deseado Mar Menor. El Concejo de la ciudad, con fecha 2 de julio de 1702, echa mano de las prerrogativas reales que el rey Fernando otorgó en 1281 a la ciudad para defenderse de esa “privatización” del Mar Menor que se le venía encima. La lectura del documento no tiene desperdicio:

“Para satisfacer la ciudad de Cartagena del informe que se les manda dar por U con el motivo de la solicitud que hace el Marques de la Victoria sobre que le conzeda Su Majestad las tierras, montes, pasos, fuentes, abrevaderos y quanto contiene el pasaxe nombrado Rincon de Sn Gines, comprendido el Cavo de palos, islas del mar menor, y demas que se expresa en su memorial por las circunstancias y motibos que en el se enuncia se hace preciso… [confesar] esta ciudad que de quanto posee como las demas destos reinos, comunidades, particulares y que gozan el honor de ser vasallos de nuestro Augusto Monarcha perteneze a este Soverano el alto Dominio que le caracteriza en todos sus reinos y Señorios siendo esta sircunstancia el mas solido titulo que les asegura del usufructo de todo quanto goza vaxo tan piadosa justificada proteccion y supuesta esta notoria verdad lo que a nadie a dudado… …demostrar la propiedad y antigua posesion con que goza Cartagena lo que por dicho margen se solisita.

El Santo Rey dn Fernando hiso merced a esta ciudad en la era de 1281 de todos sus terminos a esta ciudad yervas, casas y pesquerias, francas y quietas, con entradas y salidos, usos y costumbres y demas que se reconoce de este Privilegio como se justifica del testimonio a la letra de su contexto señalado con el N°S°”

Cartagena no parecía dispuesta a ceder a las pretensiones del Marqués y por eso afirma en las Actas Capitulares…

“…no puede menos que desolarse al oir que ha abusado de la RL Benignidad aplicando a beneficio de particulares lo que pertenecio a el Comun quando no alla el mas leve fundamto”.

Ni siquiera el argumento de que tanta gente en esa zona podría servir de contención a los ataques berberiscos parece que les convenciera…

“y en quanto a que la nueva Villa que solicita fundar el marques de la Victoria con este nombre serviria de freno a los piratas para que se contengan en sus ataques como de muchos siglos a esta parte no ayga memoria de que les aya executado en aquellos paraxes resguardados por las torres respectivas y por las terribles armas del Rey que es lo que sucede en los demas de la costa donde no ay poblaciones de mayor vezindario”.

El megalómano proyecto del Marqués parece darse por perdido en 1763 cuando el Secretario del Consejo Real, José Antonio de Rivera, expide un certificado desechando el proyecto, criticando al instigador de la idea y pidiendo que, en todo caso, se le de otras “gracias” sin perjuicio de terceros (en alusión directa al pueblo de Cartagena):

«Don Joseph Antonio de Rivera, Cavallero del Orden de Santiago. Certifico que haviendo remitido SM al Consejo para consultar una instancia del Marques de la Victoria pretendiendo le concediese el Rincon de San Gines, de la ciudad de Cartagena en atencion a su distinguidos servicios; hizo presente a SM el Consejo lo que se le ofrecio y parecio, en consulta de diez y ocho de septiembre del año proximo pasado; y por resolucion a ella, se sirvio denegar la pretension del Marques y que deberia proponer y solicitar otra gracia que no fuera en perjuicio de tercero.

Y para que conste donde convenga a instancia de la Ciudad de Cartagena y en virtud de acuerdo del Consejo de veinte y siete de este mes, doy la preste en Madrid a veinte y nueve de agosto de mil setecientos sesenta y tres”.

El revuelo que se montó en Cartagena tuvo que ser de órdago. De hecho pasaron más de cien años para que una nueva propuesta de industrialización de la laguna apareciera en los papeles.

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