El mismo año que se inauguraba el Hotel Entremares (1966) Ribenor SA firma el contrato de concesión de explotación del supermercado, construido al lado del hotel, a favor de José Marín Maestre y Mariano Pérez Antón “comerciante el primero y agente comercial el segundo y vecinos de Cartagena”.

En el contrato se  establece que el supermercado será “un comercio de venta de productos de charcutería, lácteos y congelados envasados (excepto pescados)” accediendo Ribenor a la petición de ambos empresarios de ser los suministradores exclusivos del Hotel Entremares, de la Cafetería La Paranza y del Restaurante El Vivero.

“Los precios máximos que podrán aplicarnos –añade una carta enviada por Ribenor a los empresarios para aclararle las condiciones- serán los de origen en fábrica aumentados en un 10% a base de situarnos todas las mercancías en nuestros respectivos establecimientos totalmente libres de gastos de transporte, impuestos… …reservándonos el derecho de verificación en cualquier momento de la veracidad de los precios fijados mediante comprobación directa con los proveedores del ramo o mediante examen de la documentación que ustedes posean”.

Además, se pacta que las bebidas pueden ser incrementadas en 0’135 pesetas la unidad.

En el punto 4 (apartado a) del contrato Ribenor se garantiza el 15% del importe bruto diario de todas las transacciones o ventas que en el establecimiento se realicen… …incluso las que se realicen a crédito” debiendo entregarse la liquidación semanalmente. “La omisión de esta obligación se reputará como fraude a los efectos de aplicación del Código Penal”, concluye el contrato firmado.

En el documento se fijaba, además, la obligación de ambos empresarios a tener una nutrida variedad de artículos propios “de primerísima calidad y a precios razonables”.

Resulta interesante y curioso de esta operación destacar que, paralelamente, Ribenor mantuvo también negociaciones con otro comerciante de Cartagena, Antonio Sánchez Huertas (y su socio Antonio Valverde Martínez) con quien firmó un precontrato idéntico el 14 de julio de ese año con la salvedad d reducir a un 5% el punto 4.a aunque, finalmente, no llegara a materializarse.

Un año más tarde, el 25 de julio de 1967, se inauguraba oficialmente el Supermercado abierto hasta entonces sin licencia.

Costó cincuenta millones de pesetas, tenía una superficie útil de cuatro mil metros cuadrados y una capacidad, según anunciaron en su momento, para abastecer a una población de doscientos mil habitantes.

Pese a estar inaugurado en régimen de subarriendo desde el año pasado el acto inaugural se realizó este día con la presencia del director general de Promoción del Turismo, Juan de Arespacochaga, junto al gobernador civil de la provincia entre otras autoridades.

Pero los problemas entre la dirección de Ribenor y los dos empresarios que gestionaban el supermercado empezaron muy pronto.

Concretamente el 28 de septiembre de 1966 ya se quejaban por carta a José Luis Rubio de no estar respetándose los acuerdos: “se están efectuando cuantiosas compras por los centros hosteleros de la Empresa sin que se hagan a través del Supermercado como queda dispuesto en el escrito de fecha 8 de julio del año en curos”.

Además, “la empresa [refiriéndose a Ribenor] o al menos la Jefatura Administrativa se niega a satisfacer los acordados 0’135 pesetas por unidad de las denominadas bebidas refrescantes… …y se nos manifiesta que los precios al público en el Supermercado de ciertos artículos de primera necesidad son altos” justificando este encarecimiento en la obligación contractual que firmaron lo que les provoca vender “sin beneficio por nuestra gestión”.

Un poco más adelante, incluso, sugieren renegociar el porcentaje que firmaron en contrato solicitando que se bajara a un 5% “y un 10% para charcutería, lácteos y congelados envasados”.

“…en el supuesto de que nuestra gestión al frente del Supermercado no fuese del agrado de la Empresa, no tendríamos inconveniente… …en cesar en la explotación del negocio”, concluyen.

La respuesta de Ribenor se hizo esperar hasta el 3 de mayo de 1967 (carta número 1.088/412) y donde se les invitaba a dejar el Supermercado “por rescisión del contrato” el próximo 15 de septiembre. En una nueva carta fechada el 27 de mayo, Marín Maestre y Pérez Antón, se quejaban amargamente de haber cumplido hasta el final “fieles a nuestro compromiso” y solicitaban que Ribenor, al menos, les comprara las mercaderías de importación en excedente que tuvieron que adquirir ellos “por indicación y consejo “ de la empresa arrendataria.

Una nota manuscrita a lápiz a pie de carta, de autor desconocido, señala que “El 31 de julio de 1967 cesaron sus actividades en este establecimiento los Sres. Marín y Antón”.

(Información obtenida del libro «La Manga del Mar Menor. Principales proyectos y estructura societaria», de este autor. Edlibrix 2018).

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