La Manga, centro del tráfico europeo de heroína

La puesta en marcha de un macroproceso judicial en Italia contra la Cosa Nostra por el juez Giovanni Falcone, el 29 de noviembre de 1985, y sus ramificaciones españolas puso al descubierto la presencia de una cédula turca de contrabandistas que llevaban operando desde la década de los setenta en España y, en La Manga del Mar Menor, desde hacía unos años.

Concretamente la mafia turca compró a Felipe Huarte por cincuenta millones de pesetas la mansión que tenía en la Cala del Pino y que quedó completamente abandonada durante años cuando huyeron precipitadamente de nuestro país. En ella pasaban largas temporadas el traficante suizo de origen turco, Paul Waridel, y Yasar Avni Mussullulu, ambos dedicados al tráfico de heroína aunque camuflaron su actividad alegando ser “armadores de buques”.

Las reuniones para formalizar los contratos los realizaban en el hotel Galúa donde se hospedaron en numerosas ocasiones miembros de la Cosa Nostra.

Según el propio Falcone en una entrevista publicada en La Vanguardia:

“…se ha podido establecer la existencia de relaciones ‘comerciales’ entre Bekir Celenk, el turco traficante de armas y drogas implicado en el atentado al Papa y que perdió un barco en Menorca cuando se dirigía a Barcelona, y los turcos que vivían en La Manga del Mar Menor.”.

La noticia, que permaneció durante días en portada de todos los diarios nacionales, mereció hasta un reportaje de investigación de Televisión Española que emitieron bajo el título “Mafia, la sucursal española” dentro del espacio Teleobjetivo en primetime y dirigido por Baltasar Magro.

En España el juez Baltasar Garzón fue quien inició un maxiproceso contra la citada mafia turca asentada en La Manga declarando en rebeldía a Mussullulu por hallarse en “paradero desconocido” (se sospechaba que se había hecho la cirugía estética y que frecuentaba la costa sur española nuevamente) mientras la Fiscalía antidroga de Murcia, dirigida por Manuel López Bernal, ponía en marcha una investigación local en 1991, con seis años de retraso y ante las numerosas evidencias aparecidas tanto en la prensa nacional como local. Sin embargo, la tardanza de esta investigación provocó que muchas de las irregularidades empresariales cometidas en el blanqueo de dinero con empresas nacionales hubieran prescrito.

El escándalo y las ramificaciones del narcotráfico fue de tal envergadura que obligó incluso a presentar la dimisión a la ministra suiza de Justicia y Policía y vicepresidenta del Gobierno de la Confederación Helvética, Elisabeth Kopp, al haberse podido documentar fuertes vínculos de su marido, Hans W. Kopp, con Musullulu para el blanqueo de dinero procedente del tráfico mundial de drogas y armas.

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