En noviembre de 1961 parecía que Celdrán había resuelto el problema de rentabilidad de las salinas de Marchamalo con el cierre de una importante operación para la venta de doscientas mil toneladas de sal a Japón. “De ellas –añade la prensa- cien mil toneladas es sal común, por importe de 500.000 dólares, y otras 111.000 toneladas de sal industrial, valoradas en 5.530.000 dólares”.

Marchamalo, según la Cámara de Comercio de Murcia, será una de las principales fuentes suministradoras de esta partida de sal dirigida al mercado nipón.

Sin embargo, una comparativa de producción y ventas de sal del año 1960 con respecto al volumen generado en 1948 permite comprobar un dramático descenso de la industria y las dificultades financieras por la que atravesó este negocio.

A pesar de ello el 31 de octubre de 1963 había un capital desembolsado por los socios de cuarenta y cinco millones de pesetas.

En documentos internos de Salinera Catalana figura una producción anual, en 1948, de más de cinco millones de pesetas mientras que en 1960 había descendido a poco menos de un millón y medio. En doce años se redujo en un 71,26%

Las ventas, por su parte, sufrieron un descenso porcentual similar en su facturación (un 76,4%) pasando de una venta media mensual de 578.098 pesetas en 1948 a 102.225 pesetas en 1960.

Los datos de 1948 han sido obtenidos de documentos internos originales de la empresa firmados por José Pérez Ramos (jefe administrativo) y Jorge Pino Altimir (apoderado). Los correspondientes a 1960 pertenecen a las “Estadísticas de extracción de minerales” mensuales entregadas a la Dirección General de Minas y Combustibles. La acusada diferencia de los datos (internos en 1948 y oficiales en 1960) puede encerrar otro motivo: la habitual picaresca patria de declarar menos de lo que se vendía. En cualquier caso el descenso de ventas queda corroborado por una reunión mantenida por los almacenistas de sal del Puerto de Barcelona donde empezó a intuirse el declive del mercado de sal común cuando detectaron “acumulación de excedente en los almacenes”. En una memoria de la delegación de Barcelona fechada el 31 de marzo de 1957 se reconoce que “…el mercado de Barcelona se halla, desde hace años, lo suficiente abastecido, como consecuencia de la super-producción que tenemos en España”.

En una instancia fechada el 25 de febrero de 1958 y dirigida al director general del Tesoro, Deuda Pública y Clases Pasivas del Ministerio de Hacienda, Celdrán solicitara un aplazamiento en el pago del impuesto de sal común de 1957 (expediente número 1.702/57) dado que, según argumenta, las ventas de sal realizadas ese año “…eran de escasa calidad cuyo precio por tonelada era casi inferior al propio impuesto, por tratarse de sal manchada procedente de residuos de cosechas anteriores que se encontraban almacenadas sin fácil salida”.

“En el año 1957 –continúa argumentando el empresario- la cosecha de sal en las Salinas de esta Empresa, y especialmente en las de Cabo de Palos, los más importantes, ha sido deficitaria” lo que ha provocado un “desequilibrio momentáneo en la economía de esta Empresa”.

Un poco más adelante delata en el escrito otro problema financiero de Sacasa: no podían pedir avales bancarios nuevos dado que tenían cubierta su capacidad crediticia al haber dispuesto totalmente de ella “…para atender los pagos perentorios e ineludibles de la Empresa”.

Salinera Catalana necesitaba diseñar una nueva estrategia empresarial y, en una reunión del consejo de administración de 1960, se informó a los socios de las medidas que se iban a adoptar:

“Se ha hecho acopio de materiales para la mecanización total de las salinas de Alicante y Cabo de Palos. En 1961 se tiene el propósito de ocuparse de la ampliación de las instalaciones de molinería y el transporte mediante cintas transportadoras”.

Los responsables consideran que se hace necesaria la mecanización de la carga. “No hay más remedio –señalan- si queremos competir con las demás salinas… … de esta forma se hará el transporte en forma mecanizada desde salinas al espigón para su carga en los buques, lo que disminuirá los gatos de carga y lo hará mucho más rápida”.

“Otro de los proyectos a realizar, si la tesorería lo permite, es la preparación de nuevas instalaciones para lavado de sal en Alicante y Cabo de Palos, con nuevos sistemas que nos permitan mejorar la calidad”.

“Hemos proyectado asimismo la instalación de agua potable en las salinas de Cabo de Palos, lo que evitará el elevado gasto que supone su transporte mecánico, como se hace en la actualidad y asegurará un mejor suministro. Dicha instalación para el abastecimiento de agua potable a las salinas de Cabo de Palos comprenderá la construcción de un pozo y el tendido de unos 800 metros de tubería y estará terminada para la próxima campaña”.

(Información obtenida del libro «La Manga del Mar Menor. Principales proyectos y estructura societaria», de este autor. Edlibrix 2018).

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