El docente y la libertad de cátedra

La Programación General del Aula (PGA) es el instrumento que el docente tiene para diseñar, bajo sus propios criterios científicos y pedagógicos las asignaturas.

Toda ella debe poder quedar enmarcada dentro de la Sentencia 5/1981, de 13 de febrero, del Tribunal Constitucional donde se establece el derecho a la libertad de cátedra en los profesores de Secundaria… “Aunque tradicionalmente por libertad de cátedra se ha entendido una libertad propia sólo de los docentes en la enseñanza superior o, quizás más precisamente, de los titulares de puestos docentes denominados precisamente «cátedras»… resulta evidente que el constituyente de 1978 ha querido atribuir esta libertad a todos los docentes, sea cual fuere el nivel de enseñanza en el que actúan y la relación que media entre su docencia y su propia labor investigadora”.

El docente tiene, por consiguiente, libertad para la aplicación de cuantos criterios pedagógicos considere necesarios para lograr los objetivos curriculares establecidos en la normativa vigente.

Como afirma Roberto Suárez Malagón (miembro de la Dirección General de Planificación Educativa y Personal Docente de la Consejería de Educación y Ciencia del Principado de Asturias), en su artículo “Libertad de cátedra en la enseñanza no universitaria”, conforme se asciende en el itinerario educativo de las etapas no universitarias hasta llegar a la Formación Profesional “surgen todavía más argumentos para ampliar el contenido y efectividad de la libertad de cátedra.

En primer lugar, la existencia de factores como la mayoría de edad de los alumnos y su consiguiente madurez crítica y personal, la especialización de aprendizajes e itinerarios académicos o la cercanía al mercado de trabajo hacen que los docentes de estos niveles no obligatorios se equiparen en cierto grado con los del ámbito universitario. Este argumento podría resumirse en la máxima: a mayor capacidad crítica del alumno, mayor libertad del profesor.”

Por lo tanto, continúa Suárez Malagón, “…podemos deducir que el docente si tiene, en su práctica diaria, campo de juego para su aportación personal, para la investigación e innovación en sus materias más allá de los mínimos fijados por un diseño curricular de base (Reales Decretos de Título y de Currículo). En este sentido, entre los principios del sistema educativo se habla del “fomento y la promoción de la investigación, la experimentación y la innovación educativa”, así como de “la autonomía para establecer y adecuar las actuaciones organizativas y curriculares…”.

También se defiende el reconocimiento de la labor didáctica o de investigación de profesores y centros (art. 90); entre las funciones del profesorado sitúa “la investigación, la experimentación y la mejora continua de los procesos de enseñanza correspondiente” (art. 91.1); e igualmente, se recuerda “la necesidad de innovación e investigación que acompaña a la función docente” (art. 104.3).

Todo ello amparado en la Constitución de 1978, artículo 20.1.b., en el que se reconoce y protege, sin limitación en su titularidad, el derecho a “la producción y creación literaria, artística, científica y técnica”.

Y, más concretamente, en “El régimen Constitucional español” (Barcelona 1980, volumen I, página 170) se especifica “…le permite [la Ley al docente] transmitir la materia objeto de su enseñanza de acuerdo con su metodología y los principios básicos que, argumentadamente, entienda más acorde con la verdad científica”.

Es decir, se recoge por separado la libertad del profesor en su ejercicio docente (libertad de cátedra, del citado artículo 20.1) y la libertad de investigación tanto metodológica como de programación que, como tal, será aplicable y defendible para todos los docentes, no sólo los universitarios.

Finalmente, conviene destacar parte de la STC 217/1992 de 1 de diciembre, donde se reconoce implícitamente que estas funciones de investigación educativa en niveles no universitarios deben estar amparadas bajo “una organización de la docencia y de la investigación que la haga posible y la garantice” (los claustros deben promover la investigación educativa facilitando la labor innovadora en las aulas) así como la STC 5/81, Fundamento Jurídico 13, donde afirma que los cursos cercanos a la enseñanza universitaria (Bachillerato y Formación Profesional) deben trabajarse aún más, si cabe, esta libertad “…porque con frecuencia los alumnos de ese Bachillerato han superado el tope constitucional de la mayoría de edad”.

La libertad de cátedra, en definitiva, es un derecho individual docente recogido en la propia Constitución con lo que absolutamente ninguna norma de rango inferior puede contradecirla otra cosa es lo que pasa en los centros…

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One thought on “El docente y la libertad de cátedra

  1. Es evidente que los docentes tienen libertad de cátedra, pero en la práctica las cosas no son tan sencillas.
    Me acuerdo de la canción de Brassens «…les gens n´aiment pas que l´on suive une autre route qu’eux»: A la gente no le gusta que se siga un camino distinto del suyo.
    Si un profesor intenta innovar no lo van a denunciar inmediatamente porque no pueden. Pero alguna directiva puede empezar su particular caza de brujas… comentarios a los padres… difamaciones etc. y le pueden hacer la vida imposible al profesor.
    Yo me he llevado casi siempre bastante mal con las directivas (salvo muy honrosas excepciones) y bien con los alumnos. Pero he conseguido durante 36 años hacerlo como yo creía que se debía hacer

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