Accidentes de aviación en La Manga y Cabo de Palos (I)

Nuestra zona tiene un dramático historial de accidentes de barcos a lo largo de su Historia pero, sorprendentemente, también los hay de accidentes de aviación desde que el 14 de marzo de 1915 el Ministerio de la Guerra anunciara públicamente su intención de buscar terrenos en la zona para la instalación permanente de un aeródromo del Ejército:

“A bordo del torpedero Número 1, una comisión de pilotos de la Escuela Militar de Aviación ha hecho un recorrido de la costa de Levante para buscar sitio estratégico á fin de establecer un campo de aviación, con arreglo a las bases navales”

El primer hidroavión documentado que sobrevoló Cabo de Palos (el número 5) lo hizo el jueves, 12 de julio de 1917. Fue uno de los primeros destinados a la creación de la inminente Aviación Naval constituida formalmente el 19 de septiembre de este año “para atender la primera línea costera y servicios de exploración sobre el mar”.

Con la firma del Decreto ley se creó la Escuela de Aviación Naval en Cartagena fabricándose hidroaviones y motores de aviación asesorados por Inglaterra y Estados Unidos.

“Ayer a la seis de la mañana… y una vez en el centro del puerto [de Cartagena] tripulado por los aviadores militares señores Navarro y Lasheras, se elevó marchando en dirección al aeródromo de Los Alcázares, remontándose sobre el islote de Escombreras en dirección a Cabo de Palos.”

Los vuelos que realizaron los primeros hidroaviones no siempre acababan bien. El 25 de noviembre de 1917 aparece una fotografía en la prensa del accidente del piloto Roberto White con el modelo de hidroavión usado en aquella época.

Diez días antes la prensa recogía la avería que sufrió el número 5 anteriormente mencionado: “Esta tarde llego a este puerto el hidroavión número 5, piloteado por el teniente de navío señor Navarro. Le acompañaba como observador el teniente del ejército señor Gómez Lucía. Dicho aparato sufrió una avería en Cabo de Palos, siendo remolcado por el vapor número 2 de la Compañía Arrendataria, que venía de Alicante.”

Y es a partir de 1922 cuando empiezan a ser habituales los accidentes aéreos sobre nuestra costa…

“Se han hecho pesquisas en el mar menor por la marinería y los buzos del arsenal de Cartagena para encontrar el cadáver del aviador militar señor Calderón, habiendo resultado inútiles cuantos trabajos se hacen. El caso es raro, puesto que en el sitio en el que ocurrió la desgracia hay cuatro metros de profundidad y corrientes frecuentes.”

Tres días más tarde se encuentra, en La Manga, el cuerpo sin vida del piloto.

“En el sitio denominado ‘La Manga’, en el mar menor, fue encontrado esta mañana el cadáver del teniente aviador don José Calderón, víctima de la catástrofe del día 6. Presenta en la cabeza y en la cara heridas mortales que debieron producirle la muerte. En el salón del edificio de la escuela-aeródromo de Los Alcázares han velado el cadáver los profesores y alumnos.”

Alfonso XIII visita el Mar Menor

El año siguiente es el mismísimo rey Alfonso XIII el que visita el Mar Menor para asistir a unas prácticas de tiro aéreo sobre la isla Perdiguera:

“El aeródromo de Los Alcázares está bien situado. En el fondo del saco que forman con la costa la manga, leve divisoria del mar menor y del mar libre, y La Grosa, una isla apenas apartada de la última estribación de la sierra, tiene delante un lago ideal y a la espalda una extensa planicie, que se pierde en la lejanía. En la boca del saco, el islote llamado La Perdiguera es a un tiempo atalayón, punto de referencia, blanco de los aviones y mesa, en fin, de los pilotos que tocan es este campo.

El Soberano, después de revistar las compañías de instrucción que asisten al curso de tiro contra aeronaves, organizado por el Estado Mayor Central, presencia un simulacro de combate. Le acompañan el ministro de Marina, el almirante de la Escuadra, el director del Aeródromo, D. Luís Gonzalo, y los cuatro profesores, Arias Salgado, Riera, Montal y Díaz Gómez. La mañana está entoldada y fresca. Sopla de la mar un fuerte viento que empuja las nueves muy bajo hacia los montes cercanos. No se ven sus crestas, envueltas en los jirones grises.

Se eleva un aparato portamangas. Muy arriba, arroja un lienzo blanquísimo que, a poco, inflado por el viento, toma la forma de un pequeño dirigible y sigue al avión en el mismo plano y a unos 500 metros de distancia. Suenan las descargas de artillería y el repiquetear de las ametralladoras. El aeroplano desciende, se eleva, hace virajes rapidísimos y pretende hurtar los rastros de los proyectiles. El vuelo es emocionante. Cuando desciende, se aprecia la eficacia del tiro. La tela está acribillada a balazos.

Se despega más tarde de la tierra un avión de caza. Trata de hacer blanco en la manga que remolca un aeroplano del servicio. La lucha es larga y empeñada. Los aparatos giran vertiginosamente.

A veces se elevan hasta desaparecer entre las nubes. Luego se les ve sostener un vuelo muy igual, a la misma distancia. El avión perseguido quiere burlar la persecución y el propósito es inútil. La ametralladora tamboriletea y el ruido se agranda en la altura. También ahora el lienzo de la prueba tiene varios impactos.

El Rey embarca en una falúa y se dirige a la isla Grosa para presenciar el bombardeo aéreo de La Perdiguera. Lo realizan cuatro aviones de la escuadrilla Bristol, tripulados por los oficiales Arias Carpio y Díaz Gómez, y el piloto ruso Marsekón, con los oficiales bombarderos Larroquette, Romero, Peña María y Warleta.”

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