Los procesos desamortizadores y la asignación de tierras no siempre contentaron a vecinos de la zona. De 1 de octubre de 1862 tenemos un ejemplo de expediente sancionador contra varios vecinos que decidieron, por su cuenta, roturar tierras de Calblanque y Cobaticas, propiedad del Ayuntamiento.

Concretamente el Negociado de Montes se hizo eco de una denuncia protagonizada por el guardia municipal de los montes de las costas de Levante, Fernando Ferrándiz, fechada el 29 de agosto, donde solicitaba información de “…si se ha cortado, arrancado o descuajado algunos de dichos productos [monte alto o bajo u otros productos forestales]

En su declaración jurada del 8 de octubre el guarda forestal afirmó que: “Miguel Martínez Francés, José Hernández, José Hernández Francés y Francisco Hernández Francés, vienen utilizando el terreno realengo… …hace cinco o seis años y Fulgencio Saura Angosto, Martín Torralba, Pedro Pérez y Vicente ‘el Rojo’ hará un año o seis meses”.

En todos los casos aseguran haber labrado el terreno aun no siendo suyo: “…porque han visto que otros lo hacían”.

Puesta en marcha la maquinaria judicial, y con la intervención del alcalde pedáneo del Rincón de San Ginés, se dictaminó el 27 de enero del año siguiente una sanción para los infractores acusados de las roturaciones ilegales (aplicada el 31 de marzo de 1864) equivalente a la renta anual que hubiera supuesto arrendar las tierras que cada uno cultivó. Además, se les advirtió “que en lo sucesivo se abstengan de tales actos perjudiciales”.

Todos estos artículos están basados en información recopilada en el libro “De Cabo de Palos a La Manga del Mar Menor. Del siglo XV al XX” (Edlibrix, 2016 -segunda edición-).

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